martes, 26 de enero de 2016

Los amantes



Los amantes que se esperan y se encuentran en una esquina, son eso, a lo que le llamamos vida.
Cuántos latidos nos conmueven, cuántos latidos nos hablan del amor.
En el discurso de la sangre, que galopa sin sentido hacia el mismísimo rincón de los latidos.
Los amantes, sincronizan sus latidos al encontrarse y recordar su búsqueda y buscando a diario el impulso vital con el que seguirán siendo eternos.
Y qué es el amor sino un eterno esperar, esperar amar, esperar ser amado.
¿Acaso los amantes en la esquina solo detienen su paso a la hora señalada, para filosofar sobre el sentimiento que los mata y los vive a diario?
Amar es hecho, acto pensado y llevado a cabo en la ocasión precisa.
Los amores inconclusos, turbulentos, solo sirven a los poetas.
Nosotros, terrenales y corpóreos merecemos amores totalitarios y adictivos.
Amores con sudor y ropa de cama.
Amores sinuosos y de llanura.
Amor que despierta a los gritos y que ama en silencio.
 Mirando una boca, rozando una palma.
Soñando amores eternos en travesías furtivas.
Soñando amar más allá del preciso instante donde se acaba el aliento y no existe más nada, nada más real que ese amor que nos revive a pesar de la muerte.

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