domingo, 23 de marzo de 2014

Cambiar al mundo.



Hace mucho escuché una frase, que decía "Tu no cambias al mundo, el mundo te cambia a ti". Hace muchos años quise cambiar al mundo, no al mundo completo, pero si mi mundo, lo que me rodea. Estudié docencia con la leve esperanza de que se logre algún cambio, por más ínfimo que sea. Pero el cambio se está produciendo en mí.
Soy docente y no hay sueldo que alcance, no hay coraza que pueda frenar las tristezas a diario, no hay sonrisa de niño que pueda curar las heridas que sufrimos una y mil veces los docentes. Desde el olvido a la precarización. Desde la mentira en la que estamos inmersos hasta las expectativas que tienen las familias de nosotros. Eso que escuchamos en televisión, paritarias, sindicatos y paros. ¿Qué somos en realidad los docentes? Somos niñeras, enfermeras, maestras recuperadoras, asistentes sociales, burócratas de la educación, integrando chicos a un sistema que se está desintegrando. Somos los que sostenemos el castillo de arena, somos quienes con nuestras horas de sueño ideamos estrategias, nos llenamos de teorías. Teorías de psicología infantil, de la educación, de sociología, del aprendizaje. Cuando desde afuera nos denigran, las aulas son nuestras trincheras y nuestra voz quebrada ¿un grito de guerra?.
Pero en el aula somos siempre los mismos, quienes hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Con la estupida contradicción en la cabeza. Educar seres libres, en claustros que aún prefieren el orden y el silencio. Nos traspasan historias de violencia y abandono, abusos y maltrato. La inspectora que pide algo, entrevistas con padres, acuerdos de convivencia y atar cordones de zapatillas, limpiar mocos, lagrimas y plasticola, siempre con la cinta de papel en mano, afiches y fibrones. Enseñar a compartir, a sumar, restar, a leer, a no pelear, ¿a fingir sumisión?.
 Al finalizar la jornada, nos vamos a nuestras casas manchados de tiza, la garganta rasgada y la leve sensación de que se nos olvidó algo.¡Siempre se nos olvida lo mismo! Y es eso, que nos motivó a ser docentes. Porque nosotros no podemos cambiar al mundo.
El mundo nos cambia a nosotros y nos devuelve cada vez más enojados.

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