lunes, 13 de mayo de 2013

Mi barrio





Sale el sol, nuevamente el barrio se pone de pie. La sirena de la policía suena afuera. Algunos vecinos están saliendo a sus trabajos, luego de un agitado fin de semana, ya no se ven en la esquina los vestigios de décadas de desolación. Mientras tanto, la gente "como yo" se recluye en su casa. Levantamos cada vez más los muros linderos, para no ver lo que nos rodea, ya no queremos ver el chaperío que nos avanza como un alud de abandono. Con el sonar del despertador, volvemos a la rutina, días interminables viendo la espalda de los compañeros de viaje, todos marchando hacia el mismo lado, con la mirada hacia la nada. Una rutina que nos marca la búsqueda de una vida que se nos impuso y afuera las sirenas suenan, las vecinas corren a chusmear qué es lo que sucede, la calle se llena de pibes, alguna que otra moto surca la jungla humana. Si bien el barrio es siempre el mismo, nenes descalzos con los mocos afuera, pibes de gorrita fumando un faso en la esquina, que aveces improvisa un potrero donde la verdadera selección argentina se juega la vida, y la gente se detiene para ver jugar a los pibes que son el futuro, hasta que el árbitro le saca la roja a alguno y caído en combate, deja a su equipo con 10. Cuantas caras se van borrando, ya en las puertas de sus casas, pintada de rojo está la marca del cruel destino. Todos buscando una vida que se nos impone, el barrio siempre es el mismo, pero luego de la fecha de cobro se ven en las veredas, los envases vacíos, las cajas de los plasmas, la resaca del consumo, a pesar de carecer de todo. Cae el sol, los perros se transforman en guardianes de la calle, la falta de luz acentúa los estridentes brillos de los vehículos que pasan apresurados. Suena una cumbia de las buenas en la casa de la esquina, que se confunde con una sirena a lo lejos, se rumorea que se llevaron a otro, de a poco se van apagando las luces y el barrio se prepara para volver a comenzar. Comenzar un nuevo día en el que marchando, hacia un futuro distinto, dos por tres vemos alguien a contramano y ver sus ojos libres entre tanta resignación, nos demuestra que otra vida existe, solo que no es, esa vida que nos heredaron.