martes, 9 de abril de 2013

Historia de los vientos.




     Hay historias que no deberían haberse contado nunca, nunca debería haberse escrito un "Había una vez...", debería haberse secado cada tinta de cada pluma y quemado cada hoja de cada libro por escribir. Porque hay historias que arrancan por finales felices y con el correr del tiempo se van complicando los sucesos. 
    Ella tenía alas, pero no alas de ángel, sino que tenía pequeñas alas en las sienes. Podía pasar todo el día sin completar nada, por dejarse llevar a través de los ríos de la imaginación, en donde podía ver otra realidad, en donde el mundo era un lugar más hermoso. Lograba pintar un cuadro con solo mirar las cortinas de la cocina, mientras lavaba los platos. Quería, más que lograr algo con su vida, lograr algo para la vida de los demás. Hablaba bien, de todo lo que le plantearan, pero no conocía el idioma del amor. 
El, tenía cadenas en los pies, que lo ataban a la tierra, pasaba sus días inventariando lo que le faltaba, pasaba sus días quejándose de su destino, aunque quería lograr algo mejor con su vida, siempre el pasado le decía que no podía torcer la senda. Podía hablar y opinar de cada cosa que se le plantee, pero no podía hablar de amor. 
A pesar de ser regidos por el aire, ella era un viento pampero, apacible pero frío por momentos, lograba congelar la casa y podía causar grandes ventiscas que dejaban tendales de escombro a su paso, aunque generalmente aparecía para despejar el cielo de nubes y barrer con las tormentas. El, en cambio era como el viento zonda, caluroso, caprichoso y hasta aveces dañino. Podían convivir en paz, pero cuando chocaban eran capaces de causar desastres. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Quienes comparten el vicio del carioca