viernes, 1 de febrero de 2013

Extrañando


                             

Siempre recorriendo tus prados, subiendo y bajando escaleras con la arena lastimándome entre las chinelas, momento del año en que era otra, en otra ciudad, en otras calles y en otro color de piel. Los olores a eucalipto, a Marcela desperdigada caprichosa por tu Cerro, el cañón firme apuntando a la bahía. El sonido de los lubolos recordando febrero junto a las palmeras de la Plaza de los Inmigrantes. Las doce campanadas de la iglesia de la plaza al mediodía, el silbato del heladero vendiendo las casatas de frutilla, crema y chocolate.
 Siempre te vi un poco recelosa, siempre te sentí mio pedacito de tierra en un mundo caótico, un pedazo de tierra apacible, lleno de gente amable, una vida como hace 50 años antes, la radio "Aquí está tu disco" sonando a las tres de la tarde. Las mismas canciones año a año. El mismo paseo recogiendo carqueja a la vera del camino, esquivando las ofrendas a Xangó, viendo la entrega de las barcas en honor a la Yemanjá todos los 2 de febrero, reina del agua, que algunas vez imaginé ser yo. Siempre te vi con enojo, siempre quise ser parte tuyo, paisito mio, pedazo de tierra, que huele a nostalgia, a respeto, recorriendo el monumento a los desaparecidos del Parque Vaz Ferreira y leyendo nombre a nombre, sin entender muy bien que leía, hoy lo comprendo.
Año a año recorriendo tus calles, sinuosas, bajando como sin querer por la calle Prusia, viendo brillar la luz de la chimenea de Ancap desde allí, sabiendo que me acercaba a tu playa, llena de cucharitas, las que atesoraba durante el año para no extrañarte, siempre quise tenerte más cerca, Cerro mío, barrio la Paloma.
El esqueleto de tu frigorífico, aquel que dió luz de progreso a tu gente, que hoy muerto recuerda algo que ya no es, queda solo su playa, la mas linda, que al amanecer deja ver el palacio Salvo en el centro de Montevideo.
Cuánta vida del otro lado del charco y yo acá extrañando.
Otra vez, espero experimentar esa sensación de tristeza y vacío al ver tu faro, titilando hasta extinguirse, mientras vuelvo a mi lugar, conservando siempre la esperanza de no morir hasta volver a recorrerte, paísito mio, pedazo de tierra Oriental.

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