miércoles, 3 de octubre de 2012

Promesas


Habían pasado 5 años desde que no lo veía, la imagen que me encontré no fue la que esperaba, ya no era ese pibe fachero, que hacía chistes, vivía sancionado pero aprobaba todas las pruebas y compraba con su sonrisa a todas las maestras. Ahora estaba mas viejo, medio pelado, con la piel curtida y sin la picardía en los ojos. Una vez que lo vi, me contó que al dejar la escuela había empezado a trabajar, con un tipo en un taller clandestino, que lo tenía 14 horas por día pagándole una miseria. Dicen en el barrio que el Pato se pudrió, que la madre los abandonó, dicen que "del barrio nadie sale bien". Pero ya sea por el barrio, por la junta, por el abandono materno o por que sí, él empezó a entregarse a distintos placeres de la vida, nunca mas se lo vio con las zapatillas rotas, en cambio buenas nike y cadenas de oro mezclado con pilcha buena y un auto eran lo que ahora lo caracterizaban. Era una pequeña bomba de tiempo a punto de explotar, lleno de amigos, lleno de enemigos, dormía con un ojo y con el otro relojeaba la puerta. Con el billete bien suelto se pagaba la ronda para todos, y entre pases no podía ya recordar quien era realmente. La cabeza le daba vueltas, se sentía el más importante de la fiesta y en su auto recorría todas las esquinas del barrio, hasta que el billete escaseaba y le picaba la nariz. Ahí salían como lobos a la caza, en manada. Dicen también, que él cuando estaba en el hecho, era el mas temerario de todos, imitaba los gestos de Tony Montana y aunque se jactaba del "alto chorro" que era, que a los tranzas había que prenderlos fuego, siempre cuando ya amanecía le iba a llorar sus penas a la Peca, la tranza de su barrio, que le daba un poco de mercadería y algún que otro abrazo mientras le decía "si, pibe, tenes que irte de acá, vos das para empresario". Un día en clase, preguntó quién se encargaba de los pibes de la calle. Nadie, se respondió un año después cuando quedó solo con su padre borracho. Cuando me crucé a su hermana, ella iba a la comisaría, enseguida supe que el Pato había perdido, pero al tiempo salió y siguió con sus andanzas, mas envalentonado que nunca, ya ni me reconocía. Pasaba con su moto a todo lo que da, se sentía tan poderoso. Pero hace unos días, se le soltó la cadena y quiso festejar de más, tres días sin dormir envuelto en su polvo, metiendo mas alcohol que agua en su cuerpo. Recordó quien era, era ese pibito que en la escuela, le prometió a su amiga que él nunca iba a caer en eso y que nunca se separarían. También se dio cuenta de lo triste que estaba, desde que su mamá se había ido y lloró tanto, que se fue secando de a poco y no pudo mas con su dolor. Y hoy al verlo, me imagino que está pensando en la promesa que nunca cumplió; pero yo, a mi modo cumplí esa promesa de no dejarlo, aunque ya sea tarde, acá estoy viendo su foto toda coronada de claveles, abrazándolo desde lejos.

1 comentario:


  1. Una historia de las que hay muchas, una interpretación de las hacen muy pocos. Mis felicitaciones. Me gustó mucho.
    ResponderSuprimir

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Quienes comparten el vicio del carioca