jueves, 1 de diciembre de 2011

Sentir más.


Corre el tiempo y todos vamos girando como las agujas constantes de su andar, cíclicamente volvemos siempre a donde partimos. La rutina nos vuelve acostumbrados pero aún cuando dormimos, los faros del puerto siguen alumbrando aunque no los veamos. Y buscamos algo más de lo que conocemos pero terminamos siendo siempre lo mismo, personas que más allá de todas las aristas particulares, conservan su impulso más auténtico, solo buscamos conservarnos pese a todo, pese a nuestros propios intentos de salir a fuera y confundirnos con la naturaleza. Todos los días lo mismo, los mismos amores, la misma pesada carga del vivir día a día de forma similar, las mismas caras, o a veces muy distintas pero siempre el mismo yo, siempre el mismo cuerpo acompañando un relojito que marcha a sueños, sueños que por momentos se hacen cercanos y por otros solo son solamente esos faros, que aún iluminan el puerto cuando dormimos. Y hay momentos que la humanidad se nos cae por el piso, nos damos cuenta de que somos tan efímeros como el tiempo que nos apura el paso, y empezamos a darnos cuenta de que esos que queremos no nos conocen tanto, que siempre nos guardamos retazos para luego, que aún sintiéndonos felices siempre esperamos sentir otra vez esos espasmos del amor nuevo y adolescente, que aparece y nos renueva, nos conecta con nuestro cuerpo y solo queremos una caricia más por la noche al ir a dormir, queremos que alguien nos diga que estamos acá por algo y no solamente para vivir girando detrás de un tiempo incesante, de un ir y venir del sol. Que no solo vivir es adaptarse, ni disociarse del cuerpo para ser adulto, que vivir es algo más que seguir adelante a pesar de las bofetadas. Que vivimos cuando nos rebelamos a la rutina, cuando dejamos de lado las normas y transgredimos nuestros acatamientos, que vivimos cuando decimos basta y nos da asco ver la injusticia, cuando creemos firmemente en algo y cuando nuestra duda nos moviliza a seguir buscando algo mejor, cuando somos libres y con nuestra libertad hacemos o intentamos lograr algún instante de felicidad, aunque más no sea para nosotros y los que nos rodean, cuando dejamos de lado un poquito la razón y sentimos más a quienes tenemos al lado, a quienes con una mirada cómplice nos dice como susurrando, que vivir no es eso a lo que nos tienen acostumbrados, a dejar que todo siga su cauce, sino que vivir es ir caminando pero al mismo tiempo transformando un poco, eso que llamamos vida.