martes, 7 de julio de 2009

Las tres pibitas del bondi



Así como todos los días me dispuse a ir a mis quehaceres diarios en el Instituto, mi bolso cargado y tres caramelos en el bolsillo del saco. La humedad hacia que mis pies bailasen en el asfalto, así el cielo negro y todo, me pare firmemente en la vereda, relojeando a los pibes que pasan por la avenida, si, esos de la gorrita y la capucha, vino el bondi, como todos los días a las 18:04, y subí, estaba el mismo chofer de todos los días, me hizo uno de sus chistes de siempre, que casi nunca escucho y contesto entre dientes una especie de risa falsa. Me senté bien adelante, es que se llena hasta el tope, y me agarra ese miedo incontenible de no poder bajar en la parada, odio pasarme. Mientras el 299 surcaba calles mas que conocidas para mi, repasaba los apuntes del inminente parcial de Didáctica de la Lengua y la Literatura, y allí fue que me acordé, me vino a la mente la cara de las tres pibitas, me dije: ya van a subir..., estábamos acercándonos al barrio de ellas, pero no subieron, no se que me causó, pero sentí que los caramelos de mi bolsillo me pinchaban las costillas. Que les habría pasado, no se, pero faltaban en el colectivo de las 18:04.


Sin quererlo una catarata de recuerdos me broto, y me puse a pensar en las primeras veces que las vi a las tres pibitas. Una morocha de unos 8 años, despeinada; otra de rulitos y la mas chiquita que no pasa de los tres añitos, rubiecita, de cara tan colorada y mirada seria, impertinente. Las tres con bolsas llenas, fideos, golosinas, papeles, revistas y restos de pizza, las encontré en la parada, eran las diez de la noche, y pensé, así como todo el mundo piensa, ¿dónde están los padres?, se me colaron en la fila, y me pidieron para un boleto, se lo pague, pero no las mire mucho, después me arrepentí. Así me las fui cruzando, y la mas chiquita no paraba de mirarme, con sus ojos impertinentes. Un día me dijo, ¿me das un caramelo?, no le di, tenia pero uno solo, y pensé en las otras pibitas, que siempre charlando de cosas de la tele y del barrio, de la villa y los hermanos grandes, dejaban casi a la deriva a la piba rubia, chiquita de no mas de tres años, pobre. Para la próxima me acorde. Pero no subieron, cuando estaba por bajar, la intriga me pudo, y le pregunte al chofer que es lo que había pasado con las tres pibitas, y él me contó, que los padres estaban presos, y que a las tres pibitas se las llevaron a un hogar de menores. Bajé del bondi, prendí mi cigarro, y toque los caramelos, ¿porqué no se los di antes.?

Libertad




Somos libres al nacer...pero no queremos ese tipo de libertad.Creemos que ser libres es crecer, cuando niños entre prohibiciones y juegos pensamos que la adolescencia es libertad.
De adolescentes creemos que todo nuestro tormento de obligaciones de adultos y negaciones de
niños acabará en nuestra juventud.Ya de jóvenes, nuestras ataduras nos hacen recordar melancólicamente nuestra libertad de la niñez y de la adolescencia.
Vivimos entre compromisos, trabajos, papeles y deudas, hijos, padres grandes, amigos en las
mismas condiciones, todo se reduce al trabajo y la pareja, y creemos que la libertad
la alcanzaremos en nuestra ancianidad...pero es allí donde nuestra prisión son las enfermedades,
y solo creemos que alcanzaremos al fin esa tan ansiada libertad, al momento de la muerte...y
aunque estamos cada vez mas cerca.Preferimos seguir prisioneros pero VIVOS.

lunes, 6 de julio de 2009


Un día abrirás el alma
Veras que no eres uno solo
Veras que en el esfuerzo esta la ganancia
Veras que no todo se compra
Que no todo se vende, ni se gana
Un humo abrasador será fuego
arderá en tu espíritu
En el aire denso de lo injusto
ese fuego te guiará en el camino
Entre las sombras de la historia
su semblante rojizo se alzara
Intentaran acallar las voces que la verdad develan
No mires a quienes te acusan
Con ese dedo inquisidor de la desidia
Piensa en quien te sigue, en quien te espera
Di basta a los mandatos inertes del sistema
Piensa que eres libre en la lucha
Solo las ataduras son frecuentes
Cuando no crees firmemente en tu locura